El descubrimiento del fuego en un lejano pasado permitió que el ser humano, además de lograr un más amplio dominio de su entorno, realizara por vez primera una sistemática transformación de sus alimentos, que antes ingería crudos. El fuego facilitó la digestibilidad de los mismos e hizo posible que se diversificara su preparación, con lo que se abrió un nuevo mundo, hasta entonces insospechado, para la humanidad. A partir de ese momento, la creatividad humana hizo progresivamente factible el nacimiento de un sinfín de comidas y platos diferentes, tanto que cada pueblo, cada nación y cultura e incluso cada región tiene los suyos propios, característicos y bien diferenciados de los demás.
La gastronomía o arte culinario comprende todos aquellos métodos, técnicas y procedimientos encaminados a preparar, transformar y sazonar los alimentos que brinda la naturaleza de la forma más hábil posible, y a presentarlos de manera que constituyan un placer para el paladar, además de ser gratos a la vista y tener un aroma apetecible. Se trata, pues, de un arte refinado.
Enseñar gastronomía
La enseñanza de estas técnicas supone desarrollar competencias claves para que el estudiante no sólo sea un repetidor de recetas, sino un creador en la cocina, con habilidades y destrezas que le permitan hacer de su labor una expresión de su cultura y de su personalidad.
La labor del docente es ser un facilitador de este aprendizaje, utilizando diversos recursos metodológicos que le permitan comprender conceptos teóricos y manejar técnicas propias de su disciplina y que, sobre todo, motiven en los jóvenes la necesidad de aprender.
Las clases expositivas que sean necesarias, deben valerse de tecnologías informáticas y de comunicación (TICs), como una forma de buscar aprendizajes significativos y respondiendo a los requerimientos de nuestros tiempos.
El docente debe ser un buen orador, claro y dinámico, sus movimientos deben ser un complemento para sus explicaciones y ejemplos. Su voz debe ser enfática, pero acogedora para dar lugar a las preguntas y a los aportes de los estudiantes.
En especialidades como la cocina, el aprendizaje por la acción es primordial, por lo tanto, la metodología de taller es la base en el proceso, en el cual el profesor debe servir de referente, pero el estudiantes es el protagonista de su aprendizaje, quien debe ir aprendiendo a través del ensayo y error y valorando sus progresos.
Si bien la gastronomía no la inventamos hoy, quienes la enseñamos procuramos hacerlo cada día mejor porque nunca renunciaremos al placer de comer y beber.